La Transfiguración.
Un niño educado en una familia cristiana oye hablar de Dios desde el primer día de vida. La madre hace sobre él la señal de la cruz al acostarlo; ella le dice: “Dios te proteja” Ella le muestra los íconos, se los hace besar, lo hace vivir en presencia y bajo la mirada de Dios. Cuando el niño aprende a hablar y que él hace mil y una preguntas, él preguntará uno u otro día: “¿Dónde está Dios?” A menudo agregará “Quiero ver a Dios” Esta exigencia es legítima y este deseo es real, puesto que es para ello que este niño vino al mundo: para ver a Dios. ¿Qué es la visión de Dios?
La Biblia nos dice que el hombre no puede ver a Dios y vivir. Hemos estudiado con que amor y con que precaución Dios de manifestó a Moisés y Elías para no destruirlos. Cuando Dios pasa delante de Moisés en la hendidura de la roca, lo protege con su mano. Cuando Elías esta en la entrada de la gruta, Dios no viene en el viento fuerte y violento para quebrar, ni en el temblor de tierra para destruir, ni en el fuego para quemar, pero Dios viene en la brisa ligera y Elías es salvado.
Dios nos prepara a Encontrarlo cuando el Hijo de Dios se encarne, se haga Hijo del hombre; Él no se ha mostrado en Su Gloria, puesto que los hombres no habrían podido soportarlo; se hizo semejante a ellos; tomó la condición humana, la condición de esclavo hasta el final. Nada dejaba transparentar la divinidad de Jesús. Hubo nada más que dos momentos en Su vida donde se manifestó como Dios: durante Su bautismo y durante Su transfiguración. El bautismo en el Jordán ha revelado que Jesús es el Hijo de Dios, la segunda persona de la Trinidad; Juan Bautista lo ha visto y rindió testimonio. En la Transfiguración, los tres apóstoles Pedro, Santiago y Juan han visto a Jesús resplandecer en Su Gloria divina, sobre el monte Tabor, en presencia de dos grandes testigos que habían visto esta misma Gloria en tiempos del Antiguo testamento y que el día de la Transfiguración, vienen atestiguar que se trata de la misma Luz y del mismo Dios.
Para estudiar la Transfiguración leamos el Evangelio (Mateo 17:1-9; Marcos 9:2-9; Lucas 9:28-36).
La Luz del Tabor.
Tomemos un ícono y leamos los textos del Evangelio mirando la imagen:
Transfiguración
Vemos la montaña donde los apóstoles han contemplado al Cristo transfigurado. Esta montaña es el soporte, el fondo del ícono, testimonia que el evento ha pasado en un lugar determinado, sobre la tierra y no en un más allá de éxtasis, fuera del tiempo y del espacio.
El pintor ha construido la imagen de acuerdo a un plano geométrico muy riguroso. Al centro, el Cristo resplandeciente de Luz. Los rayos parten del Cristo y forman una estrella que se circunscribe dentro de un círculo. Esta representación simbólica de la luz nos revela que se trata de otra Luz; no es la que produce el sol, ella es de otra naturaleza. Esta luz que emana del Cristo y que los apóstoles han contemplado, es la Gloria de Dios. San Juan el evangelista que estuvo presente sobre la montaña nos dice:
…Y hemos visto su Gloria,
Gloria cual el Unigénito debía recibir del Padre,
Lleno de gracia y de verdad (Juan 1:14).
Novicio: ¿Por qué los rayos que salen del Cristo, como si Él fuera el sol? Cuando dibujo, hago el sol por encima de todos los personajes para mostrar que es de día.
Maestro: Si, por supuesto, y todos los pintores iluminan sus cuadros como tú, por un punto luminoso. Piensa en Rembrandt que a menudo representa, sobre sus telas, el combate entre la sombra y la luz. Por ejemplo, el sabio meditando a resplandor de un velador, san Jerónimo sentado bajo una obscura escalera delante de un pequeño tragaluz, o el viejo al rincón del fuego, o todavía “La huida de Egipto,” escena iluminada por el claro de luna. Casi siempre podemos encontrar o suponer de donde viene la fuente de luz: astro, fuego, lámpara, luz del día, etc. Por lo contrario, el ícono de la Transfiguración ilustra el evangelio: releamos juntos el pasaje. Está escrito que el Cristo resplandeció como el sol, y no que fue iluminado por el sol.
Novicio: ¿Pero puede ser que el sol estaba detrás y sus rayos rodeaban al Cristo, dando la ilusión de un hombre luminoso? Como a veces al atardecer, las montañas brillan con resplandor y parecen producir rayos. Pero yo se, que el sol se esconde detrás y es él el que hace brillar a las rocas.
Maestro: Mira cualquier cuadro: si el sol ilumina el paisaje, el pintor representa la sombra llevada por los objetos iluminados. Sobre el ícono no hay sombra. Ni la montaña, ni los árboles, ni los personajes no dan sombra. Pues el Cristo no es un astro, ni un planeta que reflejaría la luz del sol. El Cristo es realmente Aquel que da la Luz, esta Luz es sin sombra, pues es de otra naturaleza.
Novicio: ¿Qué quiere decir eso de que es de otra naturaleza? ¿Es la luz que vendría de otro planeta? ¿O de un astro que desconocemos?
Maestro: Nos es posible estudiar la proveniencia de toda luz: la del sol, de los astros y estrellas, esta ciencia se llama astronomía. También nos es posible analizar el fuego, producido por la combustión de la materia. Lo mismo, estudiamos la electricidad: es la energía producida a partir del agua, del carbón, del gas y que circula en los metales. Según el Génesis, Dios creo la luz, Él creo el sol, fuente de nuestra luz terrestre. El sol es un gigantesco montón de materia, que evoluciona sin cesar. Dios ha creado toda materia y es de la transformación de esta que nos provee toda la energía y toda luz conocida. La fuente de la luz es siempre de la materia creada. Jesucristo, Él, Hijo de Dios, Luz de Luz, Verdadero Dios de Verdadero Dios, no fue creado, Él ha sido engendrado del Padre, como lo dice el Credo. Lo mismo, Él resplandeció sobre el Tabor de una Luz que no fue creada. Los Padres de la Iglesia han llamado esta Luz que emana de Dios: la energía no creada. Lo proveniencia de la Energía divina es Dios antes de los siglos, Aquel que llamamos en nuestras plegarias Sol de Justicia, el Cristo.
Novicio: Pero, tu me has enseñado que el Cristo se hizo hombre y que tiene un cuerpo como nosotros. Nuestro cuerpo, es materia, y el suyo también. Sobre el ícono, los rayos salen de su cuerpo, por lo tanto provienen del Cristo quién sería como un astro, un nuevo sol.
Maestro: Jamás olvides que en la persona del Cristo hay dos naturalezas: es a la vez Dios y hombre. Y es eso que Dios acordó a los apóstoles de ver un instante: la unión entre las dos naturalezas del Cristo. Vieron a Jesús resplandecer de la Luz divina, a través de su cuerpo de hombre. Además, la Energía divina no creada se transmite a la materia, puesto que el Evangelio nos precisa que el vestido de Jesús se volvió de un blanco fulgurante, ningún producto pudo dar ese esplendor: “Ningún batanero sobre la tierra puede blanquear de tal manera” (Marcos 9:3).
Visión de Dios.
Retomemos el análisis del ícono en paralelo con el Evangelio. El ícono está construido en dos planos: tres personajes arriba y tres abajo. Hay una gran diferencia de altitud entre los dos grupos. En lo alto de la montaña, Moisés y Elías están parados al lado del Cristo, ellos han entrado en el círculo luminoso y participan de la Gloria de Dios, en plena armonía con Él. Mientras tanto los Apóstoles, en la parte baja del ícono al pié de las rocas, están trastornados y su actitud expresa el desorden, el desconcierto. Este contraste nos recuerda que el hombre no puede ver a Dios con sus ojos carnales.
Moisés y Elías están ahí, sobre la montaña, soportando la Luz de Dios, pues durante su vida terrestre, ellos han sido, con Isaías, los únicos hombres desde la caída a los cuales Dios había acordado de Verlo (Exodo 33:18-23 y Primer libro de Reyes 19:9-13). Además han pasado al otro mundo y sus ojos ya no están limitados al mundo material. Moisés ha muerto en el desierto antes de llegara la Tierra Prometida (Deuteronomio 34:1-7), Elías fue llevado en un carruaje de fuego y su pasaje de la tierra al cielo queda misterioso (Segundo libro de Reyes 2:11-13).
Elías ha descendido del cielo sobre el monte Tabor para contemplar a Dios transformado en hombre, en cambio Moisés, reunido por la muerte de sus padres, representa a aquellos quienes esperan la llegada del Cristo a los Infiernos. Moisés y Elías se inclinan ante Jesús. Moisés personifica la Ley, Elías viene en el nombre de los profetas para rendir testimonio, con él, a la divinidad del Cristo que es “el cumplimiento de la Ley y de los profetas.”
“Registrad las Escrituras, puesto que creéis hallar en ellas la vida eterna… y con todo no queréis venir a mí para alcanzar la vida (…). Porque si creyeseis en Moisés, acaso me creeríais también a mí; pues de mí escribió él. Pero si no creéis en lo que él escribió ¿Cómo habéis de creer lo que yo os digo?”(Juan 5:39-40, 46-47).
Por el contrario, los tres apóstoles tirados sobre la tierra forman parte de la humanidad viviente. A pesar de estar trastornados a la vista del Cristo en gloria, están llenos de alegría y quieren retener ese instante. Pedro pide de quedarse para siempre sobre la montaña, es por ello que propone las carpas para fijar la visión de Dios para la eternidad. Pero no sabía lo que estaba diciendo, pues era demasiado temprano, no estaban listos para la eternidad. Ellos debían pasar con el Cristo por la muerte para rever la gloria después de la resurrección.
De la Transfiguración a la Cruz.
Tú Te has transfigurado sobre la montaña
Y, los más que ellos eran capaces,
Tus discípulos han contemplado Tu Gloria, Cristo Dios
Con el fin que cuando Te verían crucificado,
Ellos comprenden que Tu pasión era voluntaria
Y que ellos anuncien al mundo
Que Tú realmente eres el resplandor del Padre
(Kontakión de la festividad).
Maestro: ¿Te has dado cuenta, en el relato de Lucas, hay una precisión. Moisés y Elías hablan con Jesús de su próxima partida que Él debía realizar a Jerusalén. A tu criterio de que partida se refiere?
Novicio: Jesús murió en Jerusalén y es ahí su partida.
Maestro: Has respondido bien. Jesús prepara a sus apóstoles a su muerte. Pues sufrirá una muerte terrible, ultrajante, la muerte sobre la cruz. No habrá más ninguna gloria. Es por esto que eligió a Pedro, Santiago y Juan para que lo vean en la gloria y no desesperen en el momento de la prueba. ¿Recuerdas en que otro momento fueron elegidos estos mismos apóstoles para acompañarlo a Jesús?
Novicio: Pero sí, la agonía en el monte de los Olivos.
Maestro: ¿Qué hacen en ese lugar?
Novicio: Duermen de un sueño pesado.
Maestro: En efecto, están todavía consternados, y esta vez dormidos, pues no pudieron soportar el sufrimiento. No han recordado el Cristo en la Gloria, bien que Jesús los ha preparado. Mismo Pedro que había confesado al Cristo como Hijo de Dios, en Cesárea (Mateo 16:15-16), tuvo miedo y se olvidó de todo hasta negar a Jesús. Los apóstoles no comprenderán que Jesucristo es Dios hasta después de Pentecostés que ellos proclamarán la divinidad del Hijo, como testigos oculares de su Gloria. Pues el Espíritu les hará conocer la Verdad integra. Nadie puede confesar que Jesucristo es el Hijo del Padre, verdadero Dios de verdadero Dios, si el Espíritu Santo no lo inspira (1 Corintios 12:3).
Novicio: Los tres apóstoles presentes a la Transfiguración han olvidado la Gloria del Cristo y se quedaron dormidos en el momento de la agonía; ¡entonces Jesús había perdido su tiempo sobre el Tabor!
Maestro: Toda la esperanza que lo apóstoles habían puesto sobre el Reino de los Cielos se ha desmoronado cuando vieron al Cristo sobre la Cruz. Todos ellos, en ese momento, conocieron el abismo de la desesperanza. De cierta manera, pasaron por la muerte con el Cristo y han resentido el abandono de Dios. “¿Dios mío, Dios mío, porque me has abandonado?” (Marcos 15:34 y Salmo 21 [22]). Está ahí toda la vida del cristiano, a la imagen del bautismo: pasar por la muerte con el Cristo para resucitar con Él. Durante la vida de cada hombre, Dios da siempre una exposición sumaria de Su Gloria para sostenerlo durante la prueba. Estoy seguro que conoces esto, desde tu infancia. Hay días donde Dios nos parece muy cercano y nuestra plegaria es un verdadero diálogo con Él. A veces sentimos muy fuertemente Su presencia y Su amor por nosotros. Interviene en nuestra vida con fuerza a través de milagros. Luego es el silencio y todo nos parece apagado, un mundo sin alegría y Dios indiferente a nuestras desgracias. En nuestra vida cotidiana vivimos de esta manera una sucesión de muertes-resurrecciones. Al día de la prueba, tratemos de recordar del Cristo en Gloria y llamemos su Luz en nosotros, en las tinieblas de nuestra alma:
Oh, mi Salvador, contemplo tu palacio en fiesta
Y no tengo vestidos para entrar.
Ilumina la ropa de mi alma,
Donante de luz, y sálvame. (Canto de la Semana Santa).
Manifestación de la Trinidad sobre el Tabor.
El último versículo del relato evangélico nos habla de una nube luminosa, que cubrió a los apóstoles y de esa nube escucharon una voz diciéndoles: “Este es mi Hijo bien amado, escúchenlo” Es la voz del Padre, aquella que había escuchado San Juan Bautista, durante el Bautismo de Jesús en el Jordán. La nube luminosa, es el Espíritu Santo que cubre y protege a los apóstoles, pues sin la presencia e iluminación del Espíritu Santo, el hombre no puede contemplar la Gloria de Dios. La Transfiguración es una Teofanía, como el Bautismo del Cristo. Los apóstoles tuvieron como san Juan la revelación del Dios único en tres personas: “El Padre habla, el Hijo resplandece de esplendor, el Espíritu cubre con la nube luminosa…” (Sermón sobre la Transfiguración de san Pedro el Venerable).
Es a través de la Persona del Hijo que el hombre accede al conocimiento de Dios en tres Personas. “A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo Unigénito, existente ab eterno en el seno del Padre, él mismo en persona es quién lo ha hecho conocer a los hombres” (Juan 1:18). Jesucristo es el resplandor del Padre y por Él el Espíritu Santo actúa en el mundo. Cuando oramos al Cristo Él nos lleva a su Padre a través del Espíritu Santo.
Luz alegre de la santa gloria del Padre inmortal
Celestial, Santo, Bienaventurado, Jesucristo.
Llegando a la puesta del sol, viendo la luz del atardecer,
Celebremos Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Tú eres digno en todos los tiempos
De ser celebrado por las voces santas.
¡Oh, Hijo de Dios que das la vida,
También el mundo Te glorifica!
Phos hilaron, en griego — Cántico de las Vespertinas —Svete tikhi, en eslavo.
Una de las plegarias más antiguas de Iglesia. (Siglo II).
Esta plegaria nos invita a adorar la Trinidad a través del Cristo, Luz del mundo, Luz que da la felicidad perfecta. Arribamos a la puesta del sol, hemos llegado al fin de los tiempos; el sol pasará, cesará un día de brillar (como nos lo enseñan las Escrituras y la astronomía), pero la verdadera Luz, la Luz divina no declinará. En Cristo contemplamos la Luz que resplandecerá por siempre sobre nosotros durante el Segundo Advenimiento: “En Tu Luz, nosotros veremos la Luz” (Salmo 35[36]: 10 y Gran doxología). San Basilio enseña en un sermón sobre la Transfiguración que esta festividad es un anticipo del segundo y glorioso Advenimiento.
En una carta escrita a los discípulos, san Pedro se acuerda del Cristo Transfigurado que el vio con sus ojos sobre el Tabor. El apóstol prepara sus hermanos y a nosotros mismos a recibir la Luz del día que no declina: “…hasta tanto que amanezca el día, y la estrella de la mañana nazca en vuestros corazones” (2 Pedro, 1:19).
La Deificación.
“Dios se hizo hombre para que el hombre se haga Dios”
Novicio: ¿Al fin del mundo, conoceremos perfectamente a Dios?
Maestro: Dios no se puede conocer. Conocer, comprender son nociones de la razón humana. Para conocer la naturaleza de una planta o del agua, de un metal, de un animal o de cualquier otra materia, se hace un análisis y se puede llegar a un cierto conocimiento. Sin embargo, la materia guarda un misterio: ¿Cuál es su origen? ¿Cómo fue creada? Pero Dios es desconocido para nuestra razón. Recuerda la Torre de Babel. Para conocer a Dios, los hombres habían utilizado su inteligencia y su técnica con el fin de llegar hasta Él. ¡Fue un fracaso! Por el contrario cuando Dios viene a nosotros y que abrimos nuestro corazón a su presencia pasa otra cosa que el conocimiento por los sentidos o la inteligencia. Hay una unión entre Dios y nosotros.
Miremos una vez más el ícono de la Transfiguración: la imagen se construye alrededor de los rayos que emanan del Cristo. Cada personaje es tocado por un rayo de la Luz increada, cada uno recibe una parte de la Gloria divina. Sin embargo, Dios queda desconocido en lo que es, en su esencia. “Yo soy Aquel que es”: Y.H.W.H. queda para siempre desconocido, el Ser eterno e inmutable, pues es imposible saber lo que Dios es. La Esencia de Dios (es decir lo que es Dios por naturaleza), jamás ningún hombre la podrá penetrar, es el porque en el Antiguo Testamento nos pone en guardia contra semejante audacia: el hombre no puede ver a Dios y vivir.
Sin embargo, Dios nos hace el don de Si Mismo. La Luz increada, los rayos que el Cristo comunica a los profetas y a los apóstoles, sobre el Tabor, es la Gracia, el Don de Dios, que nos hace vivir y santifica. Sobre el Cristo reposa el Espíritu Santo, es lo que hemos estudiado en un capítulo precedente, el Bautismo en el Jordán. Vemos ahora, sobre el Tabor, que por el Cristo, a través de su cuerpo, el Espíritu Santo se da a nosotros. Recibimos esta Gracia, el Don del Espíritu Santo, para llegar a ser santos.
Entiende bien esto: en Dios hay un misterio total. Es el porque de a menudo decirte una cosa y su contrario.
Hay un solo Dios Hay tres personas Divinas
Dios es incomprensible e Se revela a nosotros
Inaccesible Se da a nosotros
Cantamos “uno solo es Santo” y somos llamados a ser santos.
Novicio: ¿Qué es lo que es un santo? ¿Es aquel que nunca comete pecados?
Maestro: El único hombre sin pecado es el Cristo. Todo hombre comete pecados, nadie puede llegar a no pecar por que simplemente decidió no cometer más pecados. Mismo si un hombre llega a ser perfecto por su propio esfuerzo, arriesga de estar muy lejos de Dios y de complacerse en su virtud. Arrogante de su conquista, de su victoria sobre el cuerpo, sobre la naturaleza humana, será un orgulloso. Solo el amor y el corazón abierto hacia Dios, y su Gracia, a esta Luz increada que Dios dona al hombre, puede hacerlo semejante a Él. Ser santo, es ser semejante a Dios, reencontrar “la imagen y semejanza.”
San Pablo quién ha visto al Cristo un instante, en un relámpago luminoso sobre el camino a Damasco, nos enseña que nuestro rostro reflejará la Gloria de Dios, como un espejo. Entonces seremos transformados en imagen de Dios por la acción del Espíritu Santo. Llegaremos a ser íconos vivientes y resplandecientes de luz, puesto que el Espíritu Santo habitará en nuestro cuerpo (2 Corintios 3:18).
San Juan que ha visto al Cristo Transfigurado sobre el tabor confirma esta enseñanza:
“Carísimos, nosotros somos ya ahora hijos de Dios; más lo que seremos algún día no aparece aún. Sabemos sí que cuando se manifestare claramente Jesucristo, seremos semejantes a él, en la gloria, porque lo veremos como Él es” (1 Juan 3:2).
Novicio: ¿Se vio alguna vez hombres que se parezcan a Dios?
Maestro: “Cuando Moisés descendió de la montaña del Sinaí — Moisés tenía en sus manos las dos tablas del Testimonio — no sabía que la piel de su rostro resplandecía a continuación de su conversación con el Señor” (Exodo 34:29).
Todos los santos adquieren la Luz del Espíritu Santo; por ello lo representamos con una aureola. Ese círculo luminosos simboliza el don del Espíritu Santo que Dios les comunica, pues su rostro refleja la Gloria de Dios. Pueden hacer milagros, pues su cuerpo es transparente a la Luz increada y Dios actúa a través de ellos. Pero los santos durante su vida terrestre no se diferencian en nada con los otros hombres.
Quedan humildes y atentos a no lastimar a los pecadores todavía muy lejos de Dios por la Luz demasiado resplandeciente del Espíritu Santo. Sin embargo, un día, san Serafín (santo ruso del siglo XIX) a revelado a uno de sus amigos que en él, en su cuerpo, habitaba el don del Espíritu Santo. Motovilov preguntándole cual era la meta de la vida cristiana, el monje Serafín le respondió que la meta de la vida cristiana, es la adquisición del Espíritu Santo. ¿Qué es lo que esto quiere decir? Retomó con insistencia Motovilov. Mírame a mí, le dijo simplemente Serafín.
Entonces Motovilov vio al pequeño hombre del bosque, parado sobre la nieve, y su rostro resplandeciendo como el sol.
Novicio: ¿Por qué se representa a menudo a san Serafín con un oso?
Maestro: San Serafín, como san Francisco de Asís, hablaban a los animales. Un día, dos monjas lo vieron en una gran conversación con un oso. Los osos de los bosques rusos son muy feroces y las dos mujeres tuvieron mucho miedo. Pero Serafín las había serenado y les mostró que aquel que está santificado vive en paz con toda la creación, como Adán antes del pecado. Cuando Motovilov hablaba en el bosque, en pleno invierno, con san Serafín, nevaba y hacía un frío glacial. Motovilov contó más tarde que sentía un calor bienhechor y una suavidad extraordinaria. La naturaleza entera, a través de los santos, se deja penetrar por los rayos luminosos de la Gracia. Acuérdate de la túnica resplandeciente de Luz del Cristo: toda la materia creada, el universo entero será un día transfigurado por el Espíritu Santo.
Novicio: ¿Es esto posible? ¿Puede realmente la materia adquirir la Luz divina de la cual hablas? ¿Pueden nuestros cuerpos reflejar la Gloria de Dios? ¿Cómo se hará esto?
Maestro: Si tu entras en la catedral de Chartres o en la Sainte Chapelle a la mañanita, ¿que es lo que verás? Ventanas apagadas y sin brillo. Pero si esperas con paciencia que se levante el sol, entonces verás maravillándote resplandecer a los “vitraux” con todos sus fuegos; cada “vitraux” tendrá su color particular, cada uno tendrá se resplandor único (1 Corintios 15:35-58). Nosotros somos esos “vitraux”: el Sol del cual necesitamos para adquirir nuestra verdadera naturaleza, dar el pleno vuelo de nuestra persona, es el Espíritu Santo, que siempre se nos ofrece para iluminarnos. Nuestra tarea es de hacernos transparentes a esta Gracia, de vencer nuestra opacidad, para que no sea un obstáculo a la Luz divina.
Novicio: Esta opacidad es casi siempre la más fuerte, son raros los hombres como Moisés y Serafín de Sárov que resplandecen de Luz.
Maestro: El carbón es un material negro y opaco, si se queda solo no puede volverse transparente; ¿no es cierto? Sin embargo, si el fuego se comunica con él: ¡que destellos, que calor, que resplandor!
¿No crees que el Fuego divino sea infinitamente más fuerte y más potente que este fuego, elemento material, pálida imagen de la fuerza de arriba? Lo que es tierra queda tierra y nuestro fuego consume la materia y hace volver al carbón al polvo de donde él viene. Pero este Fuego celestial, él, no reduce, no aniquila. El milagro del Arbusto ardiente se perpetúa hasta en la Eternidad. Este Fuego abrasará al mundo entero, la creación en su totalidad será un día penetrada por los rayos divinos.
Novicio: Estamos muy lejos y el mundo parecería mas bien arruinarse. Los diarios nunca hablan de la Transfiguración, pero de la polución. El agua, las plantas, la tierra, el mismo aire parece arruinarse. ¿Cómo se puede creer lo que tú me dices?
Maestro: Si, tienes razón. Es trágico, pues somos responsables de la tierra entera. Lamentablemente no somos santos. Es por ello que el mundo creado corre hacia su pérdida. Pero el Cristo, Él, es Santo y de el fluye toda santidad. Está presente en el mundo y no debemos desesperar. Desde Pentecostés, Él envía su Espíritu Santo que no cesa de actuar para salvar la creación (Romanos 8:18-23). A pesar de las apariencias, a pesar del mundo desposeído, arruinado, rasgado y con polución, nuestra Esperanza será más fuerte, pues tenemos fe en Dios, en su Amor para el hombre y para toda su obra creada.
Cuando celebramos con el sacerdote la divina Liturgia, ofrecemos a Dios el pan y el vino, frutos de la tierra, trabajo de los hombres: “Tus dones que tomamos entre tus dones, te lo ofrecemos en todo y por todo” (Anáfora de la Liturgia de san Juan Crisóstomo). Por estas palabras, el sacerdote y nosotros mismos ofrecemos a Dios la ofrenda del pan y del vino, que representa todos los hombres vivos y muertos, sus sufrimientos y sus alegrías, todo el mundo creado: el mundo animal, vegetal, mineral, el cosmos entero; ofrecemos la ofrenda del pan y del vino a Dios Padre. Y Él hace descender sobre estos santos Dones el Fuego divino, todo como, en tiempos de Elías, Él hizo descender este mismo Fuego sobre la ofrenda del profeta. El pan y el vino son penetrados por los rayos luminosos del Espíritu Santo para que el pan se vuelva Cuerpo del Cristo y el vino Sangre del Cristo. La materia es permeable al Espíritu. En la Eucaristía, se hace la unión entre Dios y la materia creada, para que, en el momento de acercarnos a la comunión, se realice en nosotros la unión entre Dios y el hombre. Luego el sacerdote nos envía en el mundo, como el Cristo a enviado a los apóstoles: “Id en paz.” Entonces nosotros, los cristianos, los comulgantes, nos volvemos responsables de la presencia de Dios en el mundo. Dios nos concede por su Gracia la luz que resplandeció del Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo. Pidámosle de enseñarnos a transmitir a los hombres y a la tierra entera esta Luz, Don de Dios: “Vosotros sois la luz del mundo, no se puede encubrir una ciudad si esta edificada en la cima de un monte ni se enciende la luz para ponerla debajo de de un celemín, sino sobre un candelero, a fin que alumbre a todos los de la casa” (Mateo 5:14-15).
Estas palabras fueron dirigidas por el mismo Cristo a los apóstoles y a todos los discípulos. Somos los herederos de la Gracia y recibimos a continuación de los apóstoles el don del Espíritu Santo. Pero san Pablo, para preservarnos del orgullo, nos recuerda: “que este tesoro que llevamos en vasos de arcilla para que se vea que esta extraordinaria fuerza pertenece a Dios y no viene de nosotros” (2 Corintios 4:7).
Transfigurado sobre la Montaña,
Cristo nuestro Dios,
Tú has mostrado a los discípulos Tu Gloria
Tanto como La podían soportar.
Haces lucir sobre nosotros, pecadores,
Tu Luz eterna,
Por las plegarias de la Madre de Dios,
Dador de Luz
¡Gloria a Ti!
(Tropario de la Transfiguración — tono 7).
La Transfiguración es festejada por la Iglesia el 6 de Agosto (19 de Agosto, calendario Juliano).
Conclusion.
Las Teofanías vividas por Moisés y Elías en el Sinaí les permitieron reconocer la Gloria de Dios en la persona de Jesús, sobre el Tabor. Por su presencia ahí, ellos pudieron testimoniar para nosotros, con los tres apóstoles Pedro, Santiago y Juan, que en Jesús “vive corporalmente la plenitud de la Divinidad” (Colosenses 2:9).
Es por ello que Jesús podrá decir a su apóstol Felipe, la vísperas de su muerte: l”Quién me ha visto, ha visto al Padre…Yo soy en el Padre y el Padre está en mi” (Juan 14:9-10). También es el porque que Jesús haya dicho: “Os enviaré de a lado de mi Padre el espíritu de Verdad que procede del Padre: Él me rendirá testimonio” (Juan 15:26).
Así pues, revelándose hacia nosotros, en la Gloria del Hijo — Jesucristo — Dios se revela como Padre y como Espíritu Santo; Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Este misterio insondable y adorable es la respuesta a la pregunta: ¿Quién es Dios?
extraido: obispo A. Mileant



Acabo de descubrir su blog, amigo mío. ¡Qué estupendo me parece! La verdad es que no había entrado en el perfil, y al visualizarlo… me gustó mucho, aunque debo decir que no esperaba menos, ¡eh?
Un afectuoso saludo y, si le parece bien, le visitaré con entusiasmo.
Cada vez me gusta más la forma Ortodoxa. Acabo de entrar en contacto con una palabra que no conocía: Hesykia (Hesicasmo). Silencio, quietud, paz interior… Es lo que estoy emprendiendo poco a poco. La base de la práctica la acabo de leer, y me parece interesantísima.
Una pregunta: ¿hay en la red una dirección que me remita a la Biblia en edición bilingüe griego-español?
Un saludo, hermano!
Si te fijas, en mi blogroll muestro algunas direcciones, espero que alguna te sirva.
Saludos Jose
Qué asquerosos son los cristianos, putos de mierda que están jodiendo al mundo con sus estupideces e historias de personajes imaginarios. Mientras arrodillan a pedir a ese cartón en la pared con la imagen de ese inútil barbado, por qué no hacen algo útil para solucionar los problemas por su cuenta.
Ps: Sí, es una respuesta a tus insultos hacia los ateos en http://ateismoparacristianos.blogspot.com/
Casi se me olvida, la ruina nos llegó a los latinoamericanos en los mismos barquitos de ese genocida a quien llaman Cristobal Colón y su puta religión de mierda. Qué masonería ni que mierda, ustedes son una plaga, y ya les llegará la hora.
Bien, es tu opinion Juan David. Saludos.
Simples argumentos de mentes simples. Cuando un individuo usa el lenguaje escatológicamente para argumentar, define claramente de que tiene petado el cerebro, y eso desde luego no se puede calificar de opinión, como mucho quizás valga como un endeble atenuante en un psiquiátrico, en cualquier caso, esa pequeña validez la perdería al demostrar la ignorancia sobre su propio pueblo al llamar genocida a Cristóbal Colon.
PD: jaja Si es que ya no se encuentran ateos como los de antes joder.
Hola Alexkev, bienvenido por estos lares.
Cierto, creo que lo que suicede es que ultimamente los ateos que trato no son españoles, sino latinoamericanos, y me vienen con unas mezclas raras de odio a los colonizadores mezcladas con odio a la occidente y a la iglesia, que son de dificil clasificación.
Salen de un blog venezolano que se llama http://ateismoparacristianos.blogspot.com/) y en el que comento bastante a menudo.
Si aqui conociais poco el cristianismo oriental, alli ya es la leche, parece que no conocen ni el catolicismo romano, todo el mundo lee como protestantes , tanto los creyentes como los ateos.
Saludos Lexky!